Salmo 22
Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?
Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?
¿Por qué estás tan lejos de mi salvación,
y de las palabras de mi clamor?
Dios mío, clamo de día, y no respondes;
y de noche, y no hay para mí reposo.
Soy gusano y no hombre;
oprobio de los hombres y despreciado del pueblo.
Se encomendó al Señor; líbrele él,
sálvele, puesto que en él se complacía.
Comentario y reflexión
El Salmo 22 es el gran salmo de la Pasión, citado por Jesús en la Cruz. Describe con detalle profético el sufrimiento del justo que pasa de la angustia extrema a la alabanza universal.