Vía Crucis
El Vía Crucis o Camino de la Cruz es una devoción que nos invita a acompañar a Jesús en su camino hacia el Calvario, meditando en cada una de las 14 estaciones de su Pasión.
Jesús es condenado a muerte
Poncio Pilato, cediendo ante la presión del pueblo, condena a Jesús a morir en la cruz. Aunque no encuentra en Él culpa alguna, se lava las manos y entrega al inocente a la muerte. Jesús acepta en silencio la sentencia injusta, ofreciéndose como víctima por nuestros pecados.
Jesús carga con la cruz
Jesús recibe sobre sus hombros el pesado madero de la cruz. Debilitado por los azotes y la coronación de espinas, abraza la cruz con amor, porque sabe que es el instrumento de nuestra salvación. Cada paso que da cargando la cruz es un acto de amor infinito por la humanidad.
Jesús cae por primera vez
Bajo el peso de la cruz y de los pecados del mundo, Jesús cae por primera vez en tierra. Sus rodillas golpean las piedras del camino, pero se levanta con determinación, porque su amor por nosotros es más fuerte que cualquier dolor. Esta primera caída nos recuerda nuestra fragilidad humana.
Jesús encuentra a su madre María
En el camino del Calvario, Jesús se encuentra con su Madre María. Sus miradas se cruzan en un dolor inmenso pero también en un amor sin límites. María, la Madre de los Dolores, acompaña a su Hijo en su Pasión, ofreciendo junto a Él su propio sufrimiento por la salvación del mundo.
Simón de Cirene ayuda a Jesús
Los soldados obligan a un hombre llamado Simón de Cirene a ayudar a Jesús a cargar la cruz. Lo que al principio fue una imposición se convierte en un privilegio: Simón comparte la cruz de Cristo y se convierte en símbolo de todos los que ayudan a llevar las cargas de los demás.
La Verónica limpia el rostro de Jesús
Una mujer valiente, según la tradición llamada Verónica, se abre paso entre la multitud y limpia con un lienzo el rostro ensangrentado de Jesús. Como premio a su compasión, el rostro de Cristo queda impreso en el paño. Un pequeño gesto de amor que se convierte en un gran acto de fe.
Jesús cae por segunda vez
Jesús, cada vez más debilitado, cae de nuevo bajo el peso de la cruz. Esta segunda caída es más dolorosa que la primera, pues sus fuerzas se van agotando. Pero una vez más se levanta, porque su amor por nosotros le impulsa a continuar hasta el final del camino.
Jesús consuela a las mujeres de Jerusalén
Un grupo de mujeres de Jerusalén llora al ver pasar a Jesús camino del Calvario. Pero Jesús, olvidando su propio dolor, se dirige a ellas y les dice: "Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí; llorad más bien por vosotras y por vuestros hijos" (Lucas 23:28). Incluso en su sufrimiento, Jesús piensa en los demás.
Jesús cae por tercera vez
Jesús cae por tercera vez, casi al pie del Calvario. Sus fuerzas parecen agotadas por completo, pero su voluntad de cumplir la misión del Padre permanece inquebrantable. Esta tercera caída representa la profundidad del abismo de nuestros pecados que Jesús carga sobre sí.
Jesús es despojado de sus vestiduras
Llegado al Calvario, los soldados despojan a Jesús de sus vestiduras, arrancándolas de su cuerpo llagado y abriendo de nuevo sus heridas. Jesús, el Rey de reyes, es humillado públicamente, despojado de toda dignidad humana. Los soldados se reparten sus ropas echando suertes.
Jesús es clavado en la cruz
Jesús es tendido sobre la cruz y clavado en ella de manos y pies. Cada golpe de martillo sobre los clavos atraviesa su carne sagrada. En medio de este tormento atroz, Jesús pronuncia palabras de perdón: "Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen" (Lucas 23:34).
Jesús muere en la cruz
Después de tres horas de agonía en la cruz, Jesús exclama: "Todo está consumado" (Juan 19:30), e inclinando la cabeza entrega su espíritu al Padre. El cielo se oscurece, la tierra tiembla y el velo del Templo se rasga. El Hijo de Dios ha muerto para darnos la vida eterna.
Jesús es bajado de la cruz
José de Arimatea y Nicodemo bajan el cuerpo de Jesús de la cruz y lo depositan en los brazos de su Madre. María recibe el cuerpo sin vida de su Hijo y lo abraza con inmenso dolor. Es la Piedad: la Madre que sostiene al Hijo muerto, ofreciendo su dolor al Padre por la salvación del mundo.
Jesús es puesto en el sepulcro
El cuerpo de Jesús es envuelto en una sábana limpia y depositado en un sepulcro nuevo excavado en la roca. Una gran piedra sella la entrada. El silencio del Sábado Santo envuelve al mundo, pero en ese silencio se gesta la esperanza: la tumba no será la última palabra, porque al tercer día Cristo resucitará.