Salmo 51
Ten piedad de mí, oh Dios
Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia;
conforme a la multitud de tus piedades, borra mis rebeliones.
Lávame más y más de mi maldad, y límpiame de mi pecado.
Porque yo reconozco mis rebeliones,
y mi pecado está siempre delante de mí.
Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio,
y renueva un espíritu recto dentro de mí.
No me eches de delante de ti,
y no quites de mí tu santo Espíritu.
Comentario y reflexión
El Salmo 51, el Miserere, es el más célebre de los salmos penitenciales. Atribuido a David tras su pecado con Betsabé, es la oración suprema de arrepentimiento y petición de un corazón nuevo.