Salmo 88
Señor, Dios de mi salvación
Oh Señor, Dios de mi salvación,
día y noche clamo delante de ti.
Llegue mi oración a tu presencia;
inclina tu oído a mi clamor.
Porque mi alma está hastiada de males,
y mi vida cercana al sepulcro.
Soy contado entre los que descienden al sepulcro.
Señor, ¿por qué desechas mi alma?
¿Por qué escondes de mí tu rostro?
Desde la juventud estoy afligido y medroso.
Comentario y reflexión
El Salmo 88 es el más oscuro de todo el Salterio, un grito de angustia sin consuelo aparente. Único entre los salmos, no termina con una nota de esperanza, expresando la profundidad del sufrimiento humano.